jueves, 26 de abril de 2012

LAMERICA 2012. Domingos 18Hs.


“LAMERICA”, unipersonal de y con Giampaolo Samà
Un cuoco, una nave e molte storie…

LAMERICA, unipersonal de y con Giampaolo Samà, actor y dramaturgo italiano que gira con su obra por Europa y América desde el año 2010, se presentará desde el domingo 6 de mayo, a las 18 hs, en el Teatro La Comedia, Rodríguez Peña 1062. La obra rinde homenaje a los millones de seres humanos que, desde tiempos remotos, buscaron una condición de vida “mejor”, echados de sus tierras por el hambre, la miseria y las guerras.

Sinopsis
Desde la panza de un barco - que es su espacio vital, su mundo afuera del mundo - un cocinero nos cuenta historias que van y vienen como las olas del mar. A medida que corta los ingredientes para cocinar un ragú, su relato nos lleva desde las entrañas de la tierra, entre galerías que parecen intestinos, hasta navegar tranquilamente sobre un barco lleno de emigrantes al borde de una tragedia. Viajando a través del tiempo, nos cuenta increíbles y kafkeanos trámites para obtener una radicación definitiva: colas infinitas y empleados autómatas, esclavos de la burocracia. De esta forma nos muestra una fría oficina de migraciones a principios del 1900. Y, de repente, envueltos en su recreación de hechos verdaderos, nos encontramos en una plaza, frente a un charlatán que intenta vendernos LAMERICA, y la compramos. Sin embargo, hay un modo de no sufrir este infierno: ése es el secreto que nos confía el cocinero.


Sobre la obra
“LAMERICA”, relata la “grande migración italiana” - de entre los siglos XIX, XX y XXI - en tierras extranjeras y en particular, en la Argentina, como pretexto para hablar de todos los forzados exilios pasados y presentes. De los sueños y esperanzas de muchos hombres y mujeres de encontrar otras geografías más benévolas. Sueños y esperanzas alimentadas por los miles de charlatanes “vendedores de humo” que aparecían en pueblitos y villas.

Revisiones humillantes e interrogatorios absurdos - no exentos la mayoría de las veces de gratuita crueldad-, como bienvenida “a todos los hombres de buena voluntad que quieran habitar este suelo”. Cientos de miles de hombres, mujeres y niños desorientados y asustados llegados a países lejanos y desconocidos a “hacer lamérica”.

Sobre Giampaolo Samà
Giampaolo Samà, actor y fotógrafo italiano, comienza su carrera de actor a los 17 años. Entre el 1993 y el 1995, como alumno de la “Academia de Arte Dramático de la Calabria”, participa en varios stages formativos en Varsovia, Casablanca, Sibiu (Rumania). En 1995 se recibe en la “Academia de Arte Dramático de la Calabria” (dirigida por Luciano Lucignani). En 1996 participa del espectáculo “Sidá y el hombre de la flor” que le vale el premio “Vetrine” del Ente Teatral Italiano. En 2006 se recibe en D.A.M.S (Disciplinas del Arte Música y Espectáculo) en la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad “Roma TRE”. En Roma trabaja desde el 1997 hasta el 2006 participando en muchos espectáculos y colaborando con la “C.D.” (Compagnia Doppiatori) dirigida por Pino Colizzi. Junto con la actividad de actor desarrolla la actividad de director y de docente de teatro para las escuelas públicas. En 2007 “emigra” a Buenos Aires. Desde el 2011 dicta un seminario anual de teatro en italiano sobre la “Commedia en el teatro italiano” en el Instituto Superior del Profesorado “Dr. Joaquín V. González”; siempre como docente, trabajó en la escuela del teatro Timbre 4 dirigida por Claudio Tolcachir y también estudió fotografía disciplina artística que desarrolla desde el año1990, especializándose en la fotografía teatral.


Ficha Artística – Técnica
Dramaturgia y dirección: Giampaolo Samà
Voz en off: Miriam Odorico
Diseño de luces: Dana Barber
Musicalización y vestuario: Giampaolo Samà
Colaboraciones de vestuario: Julio Suárez- Nancy Nuñez Suh 
Fotografía: Joan Tous
Producción ejecutiva: Daniel Cinelli
Prensa: Marisol Cambre

Domingos 18Hs.
Teatro La Comedia | Rodríguez Peña 1062 | Tel. 4815-5665
Reservas y compra de entradas en la boletería del teatro de 11 a 20hs. o por Plateanet llamando al  5236.3000 | www.plateanet.com
Valor de la entrada: $60 | 2x1 con Club La Nación | Descuento con Tickets Bs. As. www.ticketsbuenosaires.com.ar  y socios Megatlon
En facebook: Lamerica Obra
Más info: www.lamericaobra.blogspot.com.ar


LAMERICA cuenta con el aval del Istituto Italiano di Cultura. Oficina Cultural de la Embajada de Italia. Buenos Aires y F.A.C.A. Federación de Asociaciones Calabresas en Argentina


Para más Información, pedido de notas y acreditaciones:
Marisol Cambre
Prensa y Difusión
prensa@marisolcambre.com.ar
www.marisolcambre.com.ar


- Se agradece difusión y/o publicación de la presente información -


jueves, 24 de noviembre de 2011

Giampaolo Samá destacado en los Premios Teatro del Mundo 2011, en fotografía, por “El viento en un violín”

El Premio Teatro del Mundo es una distinción que otorga el Área de Historia y Teoría Teatral del Centro Cultural Rector Ricardo Rojas de la UBA. El jurado está integrado por investigadores y críticos teatrales que trabajan en la UBA y especialistas invitados. El Premio se diferencia de otras distinciones porque incluye trabajos desatacados (no menciones) y un Premio Mayor en cada rubro. Entre los rubros originales se destacan: adaptación, espectáculo extranjero, traducción, ensayística, labor en edición, revistas, fotografía teatral, diseño de títeres, objetos y mecanismos escénicos, teatro para niños, así como Premios especiales Teatro en la Patagonia y Teatro en Córdoba.


Para más información y pedido de nota con Giampaolo Samà:
Marisol Cambre
Planificación y Gestión de la Comunicación
de Eventos Artísticos
15.5850.6261
marisolcambre.com.ar

lunes, 16 de mayo de 2011

Dice la crítica...


LAMERICA, unipersonal de Giampaolo Samà

Julio Cortázar, que algo supo del exilio, lo definió alguna vez como el brusco final de un amor, como una muerte, de esas que se sufren más porque se las sigue viviendo concientemente. Muertos en vida, los inmigrantes van en busca de la tierra prometida, de un lugar en el mundo (el propio lugar en el mundo), del éxito, del bienestar, de la paz interior, de esperanzas, de algún amor. Dejan atrás la tierra ingrata y mezquina que les ha negado todo (o casi todo) y emprenden el viaje, un viaje que no acaba con la llegada al destino señalado sino que continúa, eternamente continúa en un viaje mental y quizá también onírico que los lleva de regreso a la patria, a los brazos de sus madres y a los olores, sabores y sentidos que no han podido hallar en ninguna otra parte. El desarraigo, entonces, es un transcurrir, una oscilación, un vaivén entre pasado y futuro (el presente es el medio), un viaje y un sueño eterno.

Lamérica habla de ese viaje, de esa búsqueda. Desde la panza de un barco – un no lugar que parece ser su lugar en el mundo, su transcurrir para no asentarse en sitio alguno, su odisea- -un cocinero nos cuenta historias que van y vienen al ritmo de las olas del mar, desplazándose por tiempos y espacios diversos. Mientras corta los ingredientes para un ragú, nos inserta en la vida de varios inmigrantes que son también todos los inmigrantes, de cualquier tiempo y destino. Un joven actor italiano (y aquí quizás encontremos algún guiño autobiográfico) sufre las vueltas y revueltas de la burocracia argentina (y su “vuelva usted mañana”) para obtener su DNI; otro ciudadano italiano, pero de principios del siglo XX, es sometido a un interrogatorio humillante en un hotel de inmigrantes donde, finalmente, lo dejan sin nombre cuando se lo cambian por otro que creyeron escuchar y, (lo que es peor) entender; un hombre termina enterrado en una mina en Bélgica. Y hay más historias: la de los “vende humo” que recorrían las ciudades engañando con falsas ilusiones de un mundo mejor, la de Lucía que sueña con ser una princesa en estas tierras donde hay de todo menos títulos de nobleza (con el tiempo ella también lo descubre), la de miles de inmigrantes que mueren en un trasatlántico debido a la desidia de su capitán.

Y hay más y más historias que la obra no cuenta pero que devela, trasluce en cada palabra: están los bolivianos, peruanos y paraguayos que sufren hoy la misma discriminación que antaño condenaba a los italianos, gallegos, turcos o judíos; los chinos y sus supermercados, los coreanos y sus tiendas, los argentinos que emigraron a Europa con la crisis del 2001 (o antes o después) pero que siempre tienen en corazón mirando al sur, lo que vuelven, los que sueñan con irse, los que se están yendo siempre.

Por eso Lamérica es una gran obra, porque trasciende su-ser-obra, su pequeña gran historia para contar la historia de todos (o la de casi todos), va de lo particular a lo universal de un modo magistral. Es emotiva, intensa pero también divertida. Nos reconocemos en ella como inmigrantes, hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes, de todos esos ciudadanos del mundo que quisieron habitar el suelo argentino.

Lamérica es una propuesta diferente, se anima a tocar el tema de la inmigración (tan transitado por el teatro argentino desde el sainete criollo en adelante) desde una nueva perspectiva, de la mano de un unipersonal donde todo está bien hecho. Han aprovechado inteligentemente el espacio de ese bonito teatro que es Timbre 4 para recrear ese constante viaje de ilusiones y fracasos. La escenografía, la música y la dirección acompañan la excelente actuación de Giampaolo Samà, quien merece un párrafo aparte.

Es conmovedor ver a este actor italiano (inmigrante italiano en Argentina) en escena: se mueve como pez en el agua por el mar del desencanto, cambia de máscara como de ilusión, todos los sueños de un mundo mejor, todas las injusticias sufridas siglos y siglos, todo el maltrato, la discriminación, el desamparo se reflejan, por un rato, en su rostro.

Imperdible este homenaje a los hombres y mujeres que partieron, parten o partirán en busca de su sueño mejor, a otra tierra más benévola, a otro cielo menos ingrato, hombres y mujeres que ríen, mueren y lloran pensando en aquella “lejana tierra mía”. Verónica Escalante -Leedor


La preparación de una salsa en la cocina de un barco es la excusa para una historia de inmigrantes con todos los condimentos del buen teatro.


E tu dice: "I' parto, addio!"
T'alluntane da stu core
Da la terra de l'ammore
Tiene 'o core 'e nun turnà? E. Curtis


Ragú, del italiano ragù, del francés ragoût, viene de la raíz del verbo ragoûter, despertar el apetito, pero en lunfardo ragú significa hambre. Entonces, puede ser una salsa usada como guarnición para un plato cualquiera o el hambre crujiente que en las entrañas de la tercera bodega de un barco de inmigrantes, sintieron todos aquellos que creyeron que venían a hacer la América. Que pensaron cuando se largaron allende los mares que aquí estaba la tierra prometida y virgen. Que América era una mujer de brazos abiertos, sensible y contenedora. Amable y acogedora. Si hasta me da vergüenza tener el mismo origen que una generación, la del 80’, la que diseñó el proyecto de país liberal de fines del XIX y que fue impiadosa con el inmigrante porque éste no cumplió sus expectativas de poblar la Patagonia ruda, de obstinarse en su mayoría en quedarse en Buenos Aires, de hacer las labores que sabían hacer y de desear que sus hijos fueran los primeros alfabetizados de su familia, en una Nación que tenía escuelas públicas… y claro, semejante atropello a sus buenas (?) costumbres les hizo sacar de adentro esa xenofobia que los impulsaba a huir a sus estancias cuando Buenos Aires se pobló de la chusma para ellos, de ese crisol, de ese ramo multicolor de lenguas, costumbres, miedos, esperanzas y humillaciones.

De esto se trata Lamerica, de un cocinero en la piel de un formidable Giampaolo Samá cuya dramaturgia le pertenece,  que desde la entraña misma de una cocina de a bordo, mientras prepara un ragú y corta cada uno de sus ingredientes, habla del otro “ragú” el del lunfardo, el del hambre y la desesperación que los trajo hasta aquí. Cada zanahoria, cada trozo de apio funciona como metáfora de todo lo que hubo que poner en una cazuela imaginaria  para llegar hasta aquí y de todo lo que se mezcló de modo inexorable cuando en una aduana de pocos amigos, un funcionario de turno, de esos que aún existen, le cambiaba el apellido porque sí, porque a estos tanitos, gallegos, rusitos, turquitos que confundieron y amalgamaron con andaluces, judíos, árabes y muchos más, el tono despectivo y la broma sarcástica les fue destinada porque eran el pato de la boda. Desaparecido ya el mulato, el mestizo, el indio, ahora eran ellos quienes debían pagar el precio de ser el “otro” y ya sabemos que la otredad es cosa seria en estos pagos, cuando todavía hoy desde algunos sectores recalcitrantes se cuestiona la presencia de los migrantes de países limítrofes.

Muchas son las obras que abordaron el tema de inmigración pero pocas han sido narradas desde un solo personaje. Entre los aciertos de la puesta que con pocos elementos simboliza  el viaje, el cambio, la mutación y el  sufrimiento, está la enorme polifonía con que todos y cada uno de los actores sociales, extranjeros  y propios expresan su modo de ver el mundo con dosis de humor exactas que permiten relajarse en la butaca y también con un dialogismo que aporta gran color y matiz, ya que las marcas orales de todos esos personajes se encuentran a disposición del espectador de Lamerica por que reflexionar sobre el viejo proceso migratorio y también sobre cómo es hoy migrar, son cuestiones de un mundo que corre sus fronteras de modo continuo.

El gran trabajo de dirección de Lorena Barutta, logra que Samá no desafine nunca en una partitura difícil que tiene tonos y semitonos y tantos acordes, si se permite la analogía, como extranjeros llegaron a estas tierras y oriundos los recibieron.

El diseño  escenográfico minimalista deja a Samá solo en escena y él la llena íntegramente. El diseño de iluminación de Dana Barber, aporta los claroscuros de cada situación y un sutil cambio del vestuario lo troca en otro. Mientras, él sigue haciendo ese ragú que se reduce como esa salsa que necesita mucha cocción hasta alcanzar una síntesis de sus elementos, así como nosotros, en buena hora somos la síntesis de todos aquellos que hablando cocoliche, siendo tacheros (como se les decía a los que vendían puerta a puerta enseres varios) o almaceneros, pusieron ladrillos en los muros y letras en nuestros apellidos. Teresa Gatto –Puesta en Escena


Un viaje al pasado

Entrar en la sala de Timbre 4 para asistir al unipersonal Lamerica es subirse a uno de los mismos barcos en los que miles de inmigrantes partieron, hace mucho tiempo, desde Italia con rumbos desconocidos en busca de mejores oportunidades. Allí, en la oscuridad del mar y en el pequeñísimo espacio que representa a la cocina de la nave, un cocinero charlatán va desarmando las historias de esa multitud desorientada y esperanzada, y transforma el viaje. En un rincón, entre baúles y recuerdos antiguos, mientras corta zanahorias y perejil, mezcla en una receta única las experiencias de los que se lanzaron al otro lado del mundo y llegaron sin nada ni nadie a una tierra desconocida. Hostilidad y burocracia fue lo primero que encontraron; luego vino el trabajo sin descanso, aprender el idioma, acostumbrarse a la marginalidad; el resto es historia conocida.

Giampaolo Samá despliega sobre la escena un relato en el que confluyen muchas anécdotas. Sortea con gracia e inteligencia la dificultad de contar, él solo, historias tremendas en las que la tristeza, la soledad, la esperanza y el valor son los pilares de los protagonistas –todos interpretados por el mismo actor-. Versatilidad y habilidad se manifiestan con maestría. Giampaolo no solamente tiene la capacidad de atrapar la atención de quienes lo ven y escuchan; también puede transformarse en escena y ser dos o tres personajes casi al mismo tiempo. Así, Lamerica se convierte en un viaje en el tiempo y a otra realidad. Los relatos son duros, pero la cuota de humor que Samá imprime en los momentos justos otorga el alivio necesario para seguir adelante.

La ironía y la crítica social están presentes, pero desde un lugar de autocrítica de una sociedad que se proclamaba abierta y debía organizarse ante la impensada cantidad de recién llegados. Es el retrato de la Argentina de principios de 1900.

Lamerica es un viaje al pasado y a los antepasados de un país que aún hoy refleja esos orígenes. Es una invitación a la reflexión en donde tanto la seriedad como la diversión forman parte del presente –del escénico y del real-. María Eugenia D'Alessio- A sala llena


LAMERICA”, unipersonal de y con Giampaolo Samá

Giampaolo Samá se luce en este unipersonal en el cual se mezclan algunas experiencias del presente con otras del pasado sobre la llegada a América (en general a Argentina) de los inmigrantes. Algunos apuntes sobre las minas de Bélgica, otros sobre Canadá, y el deseo de los Europeos de encontrar una salida a la pobreza, y tal vez la capacidad de ser alguien en un continente donde se puede escribir su propia historia. Trabajando, trabajando mucho en difíciles condiciones y con la ilusión de sembrar un buen pasar para la familia. Muchas veces primaba más el poder escapar de la rígida estructura social del viejo mundo. El sueño de ser una princesa alguna vez.

Me recordó bastante a los cuentos de mi tío sobre el conventillo. Habiendo vivido en ese ambiente como hija y nieta de españoles e italianos realmente me divertía mucho recordando las historias y las desconfianzas entre pobres, y las cosas que algunos inmigrantes decían sobre los provincianos o los judíos mientras los imitaban con particular gracia. Las desconfianzas que surgían al tener que compartir luego barrios y hoteles.

Acerca las experiencias del pasado a su vida actual en la que uno de los personajes retratados de repente parece viajar en el tiempo y habla de la inmigración de actores del presente. Intenta una mirada desde un lugar que no es el de las obras teatrales sobre inmigrantes italianos o gallegos, o las referentes a los refugiados,  ya conocidas sino desde alguien no afectado, una mirada de alguien no involucrado.

Interesante puesta muy divertida en la que un cocinero relata su particular visión de la vida desde un barco de inmigrantes, mientras cocina habla y expone su pensamiento sobre el egoísmo, el miedo, la desidia y el sufrimiento. También habla sensación de aturdimiento e inseguridad  que causa salir de ese lugar, esa tierra que nos define, nos otorga un punto de partida  y es la base del equilibrio de nuestro paso.

Es una buena idea retratar a un cocinero, en “la panza” del barco hablando de cuestiones que muchas veces tiene que ver con el sustento cotidiano. María Inés Senabre- Espectáculos Alamod

Unipersonal de y con Giampaolo Samá

¿Sabría Giampaolo, en Calabria, que le sucedería a él lo que estaba escribiendo? Un día, la vida lo puso en la situación de sus personajes, y con su propia experiencia, redondeó y perfeccionó el texto en el que había trabajado. Logró un relato, y notó que debía darle forma escénica; así fue que lo siguió reescribiendo, hasta que llegó a esta obra increíble en la que asume distintos roles. Mientras prepara el ragú, el cocinero de un barco relata lo que sucede a su alrededor; convive con la discriminación, la crueldad, el egoísmo. Poca bondad hay en los seres que presenta Samá: el padre inmigrante, el marido casado por poder, el empleado de Migraciones, el “gancho” (agente de viajes), el empresario allá y aquí.
Hay, sí, mucha esperanza y mucha inocencia en el italiano que sufre maltrato en el 1900 y en el 2000. Antes era la prepotencia; ahora se suman la indolencia y la corrupción. Surge el inusitado paralelo entre el hombre que emigró hace una centuria y el que emigra en el siglo XXI. Habla del mismo peregrinar por oficinas, de la misma falta de respeto por su identidad, y lo hace con tal gracia, con tal fuerza, que no puede dejarnos impasibles. Habla del mismo desdén por el artista, ayer y hoy, llamando la atención sobre este maltrato de otra índole.

Deslumbran su energía, su voz y su dicción, y deslumbra también la enormidad de fuentes que se adivina en ese texto que escribió, imaginando primero, sufriendo en carne propia, después. Va de un lado a otro del escenario. Se caracteriza una y otra vez, y nos tiene en vilo. Es agudo y sutil; sugiere hasta por la forma en que pronuncia, en situaciones diferentes, la misma frase.

Los diálogos que recrea son familiares para muchos de nosotros; la sonrisa cede paso a la amargura. La amargura porque en estos cien años, pocas cosas han cambiado: el extranjero es siempre el de afuera, y el nativo, el que se siente con poder para decidir sobre él. Así lo muestra Samá en esta estupenda obra. Y así es, claro, porque él camina nuestras calles y ve lo mismo que nosotros, pero desde su historia. Por eso, nos comprende y nos critica. Más allá de su valor artístico – poco frecuente -, es hondo el valor testimonial de
Lamerica, una visión actual sobre un flagelo de siempre. María Gonzalez Rouco



"Lamerica", espectáculo con accento inmigratorio en el Teatro Timbre 4 de Buenos Aires

Domingo, 21:30 horas. Giampaolo Samá, vestido de cocinero, está cortando zanahorias en el teatro Timbre 4 frente a un público expectante. En el escenario hay varios objetos que el espectador identifica claramente con algún viaje. Silencio. Un foco sobre el rostro del actor. Una voz en la radio sugiere y molesta y Samá la apaga. Comenzó la función de “Lamerica.”
¿Cómo se atreve un solo actor a contar la historia de la inmigración italiano a Argentina a principios de 1900? Un desafío impresionante. A partir de la construcción de múltiples personajes. El barco, símbolo de esperanza y de desilusión. La  llegada. Los burdos errores de los funcionarios. La despedida. Relatos grotescos.
Giampaolo Samá entra en el tema con tranquilidad, maestría y sensibilidad, entrando y saliendo de mundos diferenciados, exponiendo la miseria, la discriminación contra el inmigrante, el humor, el desengaño, las mezquindades, el egoísmo, todo va cayendo en la olla.
A medida que va cortando los ingredientes para cocinar un ragú, el tiempo parece desvanecerse ante los trámites kafkeanos para obtener una radicación definitiva…pero de repente el espectador es llevado a  preguntar: ¿Qué pasa con los inmigrantes actuales que llegan al país?
Lamérica es a la vez un espacio de luchas y conflictos y un concepto que abarca el hombre y la mujer que habita la porción de la tierra que va entre Tierra del Fuego y el Río Grande, hechos que se confunden con el imaginario colectivo, un paraíso de sueños de alto voltaje que inevitablemente se corporalizan en la quiebra de la ilusión, en el desosiego, en el individualismo exagerado, la desidia, la ineficacia, el desamor.
El actor organiza una especie de desfile desde un personaje a otro a través de relatos, el humor, la apropiación del espacio, el recurso del lenguaje alterado de los inmigrantes. Lamérica, dirigida con atención a los detalles por Lorena Barutta, indaga en el  inconsciente de todos los argentinos y por lo tanto establece un muy fuerte lazo con el espectador. Alfred Hopkins – Jaque Press

LAMÉRICA de Giampaolo Samá

Solo, en una balsa, un hombre divisa a otro en medio del mar, que está a punto de ahogarse. Piensa en el pobre infortunado y en compartirle parte de su balsa. Pero pronto lo asaltan las dudas. Teme por su vida. Por su supervivencia. Por la falta de espacio. Cuando está a punto de saber si es más fuerte su impulso de ayudar a su semejante o su egoísta instinto de supervivencia, despierta.
Se vuelve a dormir, tratando de retomar el hilo de aquel sueño. Quiere saber sus verdaderas intenciones. Descubrirse. Pero ahora es él quien quien está a punto de ahogarse en medio del mar y es el otro  quien lo observa. Pide ayuda. Suplica. Siente la necesidad imperiosa de ser salvado. Pero, ¿él hubiera hecho lo mismo por el otro?  Nunca lo sabrá. Al otro lo vence la amenaza y, de un golpe certero, devuelve al hombre a la vigilia. (Escena de LAMÉRICA)
LAMÉRICA narra la historia de un cocinero (Giampaolo Samá) que, desde el interior de un barco, se conecta con el público para rememorar las historias de varios inmigrantes que ha conocido a lo largo de sus viajes.  Mientras cocina su ragú y nos mezquina el secreto de su salsa, este cocinero nos invita a adentrarnos en la llegada de los inmigrantes italianos a la Argentina del 1900, en los trámites que los obligan al cambio de sus nombres y el de sus familias y, saltando en el tiempo, nos muestra el sistema burocrático que estos italianos deben atravesar para la obtención del DNI.
La obra cuenta, además, aquellas historias de italianos que dejaron sus orígenes en busca de un futuro mejor, de trabajo y prosperidad. Narra la difícil vivencia de los hombres que llegaron a las minas de Bélgica, muchos de los cuales perecieron bajo tierra, donde no sólo se vieron obligados a dejar sus vidas, sino también a enterrar sus propios sueños.  Finalmente se adentra en la tristeza de una muchacha de quince años que emprende un viaje a LAMÉRICA para cumplir el sueño de la “princesa”. Pero la vida le enseñará que los sueños sueños son y al alba no queda nada de ellos*.

Varias son las historias que rememora este cocinero interpretado magistralmente por Giampaolo Samá, quien se pone en la piel de cada uno de los personajes que recuerda, con la ayuda de un sencillo cambio de luces y de vestuario.  Los elementos que rodean a este personaje son absolutamente necesarios para la acción, brindando al espectador un escenario minimalista y de fácil asimilación. La música acompaña cada uno de los relatos, incrementando las emociones que logra transmitir con majestuosidad la genial actuación de Giampaolo.
Giampaolo Samá no sólo logra sonsacarnos más de una sonrisa con la frescura de sus interpretaciones, sino que también consigue, sin esfuerzo, emocionarnos hasta el borde de la lágrima. Su brillante actuación realza el texto y lo embellece, logrando que queramos saber cada vez más de aquellos personajes con los que convive en su propio cuerpo. Su personificación nos invita a reflexionar y comprender las razones de aquellas realidades de las cuales la mayoría de los argentinos provenimos, como fruto de la inmigración de principio de siglo.
Más allá de la trama y del contexto de la obra, vale hacer especial hincapié en el subtexto. El mensaje de la obra es claro. Nos invita a ponernos en la piel del otro, en dejar nuestros egoísmos de lado y pensar qué haríamos si estuviéramos en la situación de nuestros semejantes. Nos hace pensar en aquellos inmigrantes, en su mayoría italianos y españoles, que allá por el 1900 debieron dejar sus países y familias en busca de un porvenir. E inevitablemente nos lleva a comparar aquella realidad con la que viven hoy los nuevos inmigrantes que buscan un futuro mejor en nuestro país: latinos, asiáticos, africanos… y más.
De esta manera, la obra nos invita también a vincularnos con las dificultades a las que estas personas se enfrentan hoy en día en Argentina y a comprender un poco la difícil decisión que seguramente habrán tomado para buscar otro tipo de futuro, para cumplir un sueño…
Nos incita a ejercitar nuestra capacidad de tolerancia y empatía, de entender y sentir lo que el otro siente. Nos mueve a dejar de lado nuestros instintos egoístas de supervivencia, en pos de hermanarnos con aquellos que trabajan con esfuerzo, al igual que nosotros, por un futuro mejor.  Vanesa O’ Toole – Buenos Artes TV
*Sinhué, el egipcio, de Mika Waltari

NOTA
Personalmente, fue un placer haber asistido a la última función de LAMÉRICA en el Espacio Polonia. Espero de corazón que pronto volvamos a apreciar el talento de Giampaolo Samá en algún otro escenario, porque un artista como él no debería privarnos de la magia de su arte por mucho tiempo.

“Lejana tierra mía”- Por Silvia Sánchez Urite
Entre 1895 y 1914 llegó la gran oleada de inmigración europea a Argentina, que se instaló en los puertos de Buenos Aires, Rosario y otras grandes ciudades.
Giampaolo Samá, actor y autor de la obra recrea el viaje iniciático de un buque que lleva mil doscientos pasajeros en “tercera”, con rumbo a América. A través de una serie de recetas que él prepara en vivo, va a relatar el derrotero, los deseos y sufrimientos de estos seres desolados por la miseria, el hambre, la guerra.
El mismo Samá es inmigrante italiano en Buenos Aires, y también retrata cómicamente a la empleada que debe hacerle los papeles del DNI. Pero la obra va mucho más allá y se interna, sin golpes bajos, en las motivaciones de esa gente, mayoritariamente campesinos, que emigraron a finales del siglo XIX, muchas veces engañados por promesas de riquezas y bienaventuranzas.

La obra es un unipersonal que nunca decae, y pasa por distintas etapas, desde la risa al llanto, con sonoros aplausos finales para el intérprete y autor italiano. Porque si en el siglo XIX eran italianos, españoles, turcos, rusos, entre otros, hoy son bolivianos, paraguayos, peruanos, ecuatorianos los que vienen a habitar este país.
Sin perder la ironía y el humor la pieza conmueve y despierta la reflexión sobre la xenofobia, el racismo, el desarraigo y el mundo globalizado. Está dirigida por Lorena Barutta, docente de Timbre 4 y actriz, con un inteligente uso de la iluminación.

Lamerica, unipersonal de Giampaolo Samá

Cuando reconocernos duele tanto
“A mis oídos llegan voces distantes, resplandores pirotécnicos,
pero yo estoy aquí solo, agarrado con mi tierra de miseria con nueve pernos”
(Roberto Arlt, El juguete rabioso, 1926)

En un espacio construido por las luces, la música, y los objetos que identificamos claramente con el viaje, se nos introduce como espectadores en varios mundos desde la cocina de un barco que navega por las aguas de la historia de quien narra, y que nos va llevando en círculos concéntricos hacia los relatos que nos constituyen. Los vaivenes del agua que posibilitan la llegada a playas conocidas o exóticas de una nave, vientre de ballena que todo lo transforma, para la vida de todos, tiene varias lecturas posibles, y una que se impone. Desde la mitológica, el viaje como concepto del tiempo del hombre sobre la tierra, viaje de iniciación, de maduración y aprendizaje hacia un término que es simplemente la llegada y la despedida.
Desde la histórica, relato que nos involucra como sociedad, con una identidad construida como tantas, con la llegada de aquellos que quieren un horizonte más claro, más próspero, más feliz, es decir, con aquellos que sueñan con hacerse Lamérica. Si el relato inmigratorio dentro del teatro tuvo en el sainete y el grotesco sus más firmes expresiones hasta la década del treinta; es hoy con los nuevos arribos, que la temática toma forma ante la necesidad de explicarlo y explicarnos. Giampaolo Samá con maestría y sensibilidad va desenvolviendo un mapa que atraviesa no sólo nuestras playas sino el mundo, y nos abisma en su lectura en las glorias y miserias de los hombres. La principal, no reconocer al otro como el prójimo, como un igual, y a la tierra, ese planeta azul, como el territorio que nos pertenece a todos. Las mezquindades, el egoísmo, el engaño, y el autoengaño van cayendo en la olla de esa comida siempre a preparar, que el actor utiliza como intermezzo entre historia e historia.
Los seudos diálogos, sólo momentáneamente rompen con la unidad causal, al mismo tiempo, construyen un discurso que sigue a pesar de la fragmentación su lógica temporal, y mantienen la tensión dramática ante la riqueza de su expresión.  La metáfora perfecta del sueño, en donde el soñador pasa de ser aquel que se encuentra en la disyuntiva entre él y el otro, a ser el otro; es una síntesis de la semántica de una puesta donde cada elemento cierra en su funcionalidad y que se une al relato del “Sirio”, y a la carta del minero. Lamérica es entonces, no un espacio físico sino un concepto que nos abarca y se reproduce en los otros, y el lugar, que en el imaginario colectivo, es definido como el paraíso de las posibilidades; pero al mismo tiempo es una ilusión que se quiebra en el espejo de la realidad, que enfrenta al sueño con la discriminación, el individualismo feroz, la desidia, la ineficacia, y el desamor. El desfile de personajes que se van sucediendo a través del relato, el humor, la fascinación de una voz que construye con recursos mínimos un continente y un contenido, el uso del espacio, le dan a la puesta una espesura semántica que conmueve y lleva a la reflexión. Lamérica es un sueño colectivo, y en el  inconsciente de nuestra sociedad, un pasado que nos constituye, en sus fantasías de progreso infinito y en la crueldad de señalar al diferente como el culpable de nuestro mutuo fracaso. María de los Ángeles Sanz – Luna teatral

   
Partir y llegar

Es hermoso traer, como lo trae Giampaolo Samà, ese universo - mezcla de épica, dolor y esperanza- de los emigrantes/inmigrantes. Samà no se detiene en el transito y arribo de un terruño a otro, sino que se entromete en el porque alguien deja todo para irse a buscar su futuro a otro lugar teniendo como único horizonte la incertidumbre. Cada uno de los motivos de las partidas -guerras, bienestar económico, quimeras- son mostrados con una rara mezcla de ternura y aflicción. Luego las llegadas y el choque cultural propician el costado humorístico del espectáculo, no sin una mirada crítica acerca del maltrato (por burocracia o maldad) que se suele someter a los que son recién llegados.

Otro aspecto interesante de la obra es la decisión de no anclarse en un tiempo histórico y tratar a la emigración como un fenómeno en el cual  van variando quienes se van y quienes reciben, pero poniendo el acento que con el paso del tiempo las fronteras y los brazos abiertos se van cerrando, transmutando al inmigrante en las flagelantes condiciones de indocumentado o refugiado.

Una sensible dirección de Lorena Baruta no solo da rienda suelta a un lúdico y sensible trabajo actoral de Samà, sino que también incluye en ese juego al espacio, a los elementos que conforman la escenografía y al vestuario, posibilitando un continuo devenir por personajes, geografías, tiempos y locaciones, en una amalgama intenso y delicioso.
Lamerica es un bello espectáculo que habla de esas especiales circunstancias de vida que son partir y llegar. Gabriel Peralta – Critica teatral


Lamérica: una obra que invita a reflexionar
Un cuoco, una nave e molte storie. Desde el interior de un barco, un cocinero  italiano cuenta las historias de los inmigrantes que llegaron a principios del siglo XX con el sueño de la prosperidad prometida en tierras americanas. Así en un ir y venir anecdotario, el escenario se tiñe en una mezcla de comicidad  y angustia. Lamerica, un unipersonal de excelencia que invade los oscuros cimientos de nuestra identidad nacional.

Hay ciertas temáticas de las cuales nunca pueden olvidarse los artistas. Internarse en el mundo de inicios de 1900 en el que las casonas de largos y angostos pasillos con formas laberínticas se constituían como el albergue para aquellos europeos que escapaban de la miseria y la guerra de sus tierras natales, contar la historia de miles que llegaban con el sueño de riqueza, es aun materia de análisis, de reflexión y de nuevas interpretaciones. La puesta en escena de Lamerica es justamente eso, retomar la historia para aportar una singular mirada en pos del presente. 

Como si estuviéramos en presencia de una nueva puesta de Babilonia (obra escrita por Armando Discépolo que cuenta las aventuras de inmigrantes en la cocina de una mansión aristocrática), Lamerica reconstruye la historia de italianos que llegaron en barco con sueños acuesta. Ya sea que ese cocinero se pone en la piel de un actor, con anhelo de convertirse en un gran artista rioplatense o en la piel de Carlos Richetti, ese hombre de familia que se presenta tan atemorizado ante las autoridades aduaneras para poder ingresar en el país, la identificación es inmediata y el espectador no puede dejar de sentir compasión, tristeza, y por momentos alegría, al escuchar a tantos personajes que encarna con una excelencia interpretativa, Giampaolo Samá, autor y actor de la obra. Sin lugar a dudas, Samá se lleva el mérito de haber creado con veracidad la vida de aquellos  inmigrantes que ni bien pisaban suelo argentino daban cuenta que las promesas eran solo promesas. Lo real era un futuro incierto, de carencias y de grandes sacrificios para conseguir un trabajo, una vivienda digna y educación para los hijos. 

Por su parte la escenografía y el diseño de luces sostienen los diferentes ambientes que atraviesa la obra. Así,  los espectadores se sienten parte de ese universo de locura en el que  un “vendedor de sueños” trata de convencer a su público de emprender la aventura hacia países desconocidos como Canadá, Argentina y Venezuela, entre otros. Allí la riqueza está asegurada y en una búsqueda desesperada, este “vendedor” va a tratar de conseguir valientes que se embarquen en su demencia. Inmiscuirse en tantos personajes como escenarios posibles se debe a la visión por parte de la dirección de Lamerica y al acierto de crear las historias mediante la utilización de pocos elementos que identifican  a los protagonistas de cada una de ellas. 

Evidentemente hay mucho más por decir respecto de aquellos sucesos de inicios del siglo XX, que aunque lejanos en el tiempo, son  paradójicamente actuales en cuanto a la importancia en la construcción de nuestro ser nacional. En tiempos en que nuestra identidad es siempre discutida, reencontrarse con historias de vida colmas de esperanza y desesperanza, resulta gratificante. Natalia Gauna-Revista Alrededores


De tanos y gallegos a bolitas y paraguas
Un cocinero con acento italiano nos recibe en su lugar de trabajo: la panza de un barco. Mientras lo prepara, nos empieza a explicar la receta del ragú (plato típico de la cocina italiana) que en unas horas se servirá a los pasajeros que, gracias a la magia del teatro, somos nosotros mismos.  Por sus palabras nos enteramos que somos viajeros de tercera clase, ya que los de primera, nos comenta, nunca bajan hasta allí por miedo a ensuciarse y a que el barco los digiera y los lance al mar. 
En su afán por hacernos llevadera la visita, entre indicación e indicación, nos va relatando algunas de las muchas historias que los que se han embarcado en este barco le contaron. Un simple retoque de su vestuario basta para transformar al cocinero en uno, en cientos, en miles de inmigrantes que desde el siglo XIX al XXI no han cesado de cruzar mares y tierras fronterizas huyendo del hambre, de la guerra y de la pobreza. Con la inmigración italiana hacia Lamerica como protagonista principal, su relato no se olvida de relacionar, aunque sea al pasar, ese romántico y lejano océano surcado por gigantescos trasatlánticos con realidades mucho más actuales que nos hablan de balseros y ciudades infernales como Tijuana.
Interpretados magistralmente, y casi al mismo tiempo que el cocinero, por Giampaolo Samà, conoceremos a un actor que debe hacer trámites surrealistas para conseguir su DNI argentino; a un ciudadano italiano de principios del siglo XX que es humillantemente interrogado en el Hotel de Inmigrantes y al cual, obviamente, le cambiaran el nombre; y a uno de los cientos de hombres que, buscando un futuro mejor, terminó enterrado en las minas de carbón de Bélgica. También nos quedará tiempo para asistir al hundimiento del trasatlántico el Sirio, cuyos pasajeros, casi todos emigrantes, fueron abandonados a su suerte por el Capitán y los oficiales, y a la magnífica transformación de Samà en Lucía, una jovencita de 15 años que es enviada a América a casarse con un hombre que ni siquiera conoce.
Todos ellos buscan esperanzados un futuro y una vida mejor y se arrojan sin hacer muchas preguntas en los brazos de esos países que, como necesitan gente, se venden con falsas promesas y mentiras, haciendo ver a sus políticas inmigratorias como una forma más de legalizar la esclavitud y la discriminación: luego de ser vapuleado a su llegada al país, escuchamos al ciudadano italiano quejarse, en una carta a su familia, de ese montón de turcos, judíos, árabes y gallegos con los que debe compartir su vida en el conventillo.
Con algunos pasajes que se intuyen autobiográficos, Giampaolo Samà ha escrito e interpreta poniendo el cuerpo y el alma, un texto que al 80% de su público logra revolucionarle el ADN. ¿Cómo no pensar al borde del llanto en padres, abuelos y hasta bisabuelos al escuchar la voz de Pavarotti acompañar la transformación del actor en una jovencita con la única ayuda de una mantilla? ¿Cómo no sentirse parte de tanta inmoralidad cuando nos recuerdan que nuestra empleada es peruana, nuestro albañil paraguayo y nuestra verdulera boliviana? Entre pensamientos y emociones encontradas más de uno de nosotros sigue recordando, al salir de esa (ideal para esta ocasión) casa chorizo que es el teatro Timbre4, las palabras de la empleada que, por unos pesos extra, finalmente le entrega su documento al futuro Rodolfo Valentino: “el chino me cobra las cosas cada vez más caras”. Andrea Castro – Laberintos de arte
LAMERICA, unipersonal de y con Giampaolo Samá

Un barco, un cocinero, emigrantes/inmigrantes, tragedia. Todo esto da la fórmula metafórica para que Giampaolo Samà cocine en escena un ragú con zanahorias, vegetales y como él dice: “solo falta agregarle el tomate”. Lista la cocción y también el excelente monólogo, desde donde realiza varios personajes, todos acertados en su composición. El relato atrapa, es vertiginoso y nos lleva a ver imágenes más allá de la sala de Timbre 4 donde se desarrolla.
La escenografía es minimalista y adecuada para la obra. Con pocos elementos, una mesa y un baúl logran una buena ambientación. La directora, Lorena Barutta, hace que el intérprete utilice muy bien las aberturas naturales del lugar. Una obra que se recomienda fervientemente por su calidad y porque Giampaolo es muy bienvenido a la cartelera porteña que se nutre afortunadamente con LAMERICA. Fernando Maral- Prensa Zona
Norte

Entrevistas a Giampaolo Samá

De Italia a Buenos Aires: Giampaolo Samá habla de "LAMERICA"

Giampaolo Samá creció en Italia con la actuación teatral corriendo por sus venas. Luego "La Argentina empezaba a llamarme." Ahora presenta el espectáculo "Lamerica" en el teatro timbre 4 de Buenos Aires. Jaquemate charló recientemente con el actor sobre la inmigración y el teatro...


Empecé a estudiar teatro a los 18 en Calabria. A los 23 logré entrar en la Academia de Arte Dramático de Calabria, dirigida en ese entonces por Luciano Lucignani, uno de los colaboradores y amigos más cercanos de Vittorio Gassman. Terminada la Academia me fui de Calabria para buscar mi lugar en el teatro en Roma. Trabajé en muchos espectáculos, retomé los estudios en la Facultad y en el 2006 me recibí en Letras y Filosofía en una carrera que se llama DAMS (Disciplinas de la Artes Música y Espectáculo). Mi tesis fue: “Teatro Abierto ‘81”. La Argentina empezaba a llamarme. Me mudé el año después acá, por amor a mi mujer, mi esposa.

¿Cómo surgió LAMERICA? ¿En base a improvisaciones? ¿Algún texto guía?
La idea iba y venía en mi cabeza desde hacía años. Contar un cuento épico-poético-grotesco sobre la emigración. Algo que haga pensar, reír, llorar. Un poco pretencioso pero hay que aceptar los desafíos que te propone la vida. Llegar acá, tierra de emigrantes, me despertó de vuelta las ganas de contar esta historia. El gran desafío de mi vida se había vuelto mi vida misma. Vivir en una tierra donde hablan otro idioma y tan lejos de mi mar. También porque seguía buscando mi lugar en el teatro. Así que decidí arrancar todo de vuelta: pensé escribirme mi propio espectáculo. Busqué material: cartas, historias, músicas, cuentos y mi experiencia personal que, día por día, era la del emigrante. Tardé un año en escribirla y cuando la terminé me di cuenta que era necesario reescribir todo. La acción dramática: un detalle a tener en cuenta. Un cuento de 33 páginas había tomado la mano al texto teatral. La síntesis: otro detalle. Así que de vuelta a escribir, esta vez ensayando con el material que tenía y que se modificaba día por día. Esto por otros 5 meses. Iban surgiendo personajes, algunos quedaron, otros se fueron. Las historias se agregaban y se borraban. Y después otra duda: el enfoque. ¿Quién cuenta ese cuento? Y ahí, por suerte, llegó la idea del cocinero de barco, emigrante del mundo y con ganas de contar historias. Un mes y medio más de ensayos y el barco zarpó. Pude zarpar también gracias a la ayuda infinita de “mis chicas” -me encanta llamarlas así-, que me acompañaron en el camino. La cooperativa que formamos está conformada por mí y 4 mujeres: Lorena Barutta, excelente directora, ElisendaIbars catalana y preciosísima asistente, Dana Barber y su hermoso diseño luces y Eugenia Pascual Puig, otra catalana, productora ejecutiva, lo que faltaba.

Uno de los logros del espectáculo es haber podido llegar al corazón de los espectadores, especialmente los porteños, con un planteo sincero que a la vez parece hacer clic con aspectos de la actualidad. ¿Es así?
Yo creo en un teatro que mire constantemente a la actualidad. Un teatro cívico se lo llama en Italia. Hablar de la primera gran emigración es un pretexto para hablar de hoy. Todos los días, en Argentina como en Europa, en EE.UU., en fin el cualquier rincón del mundo sigue pasando lo que cuenta LAMERICA. Además para mí fue una exigencia. Quería volver a actuar, después de cuatro años buscando un lugar en el teatro, también en esta ciudad, extrañaba el escenario. La sinceridad de este espectáculo surge de esta exigencia.

¿Cuáles fueron los principales desafíos en el armado del espectáculo, los momentos de desazón?
Encontrar el estado físico justo para hacer todo lo que la puesta necesitaba. Son muchos personajes y muchos desdoblamientos repentinos. Un problema exquisitamente técnico. Es un espectáculo que necesita de mucha concentración y precisión. Ensayamos en el living de mi casa en el último mes y medio, en un clima muy tranquilo. Las cosas surgían día por día, muchas ya las tenía bien claras en la cabeza. Por suerte, y como por arte de magia, este mes y medio fue muy bueno. Nos entendíamos muy bien con Lorena y Elisenda y fue muy divertido el trabajo. Cuando se logra el clima justo es hermoso, todo es liviano. Por ahí una escena nos costó un poco: una en la que dialogan tres personajes -estando yo solo en el escenario. Un emigrante, un empleado de migraciones que lo entrevista y el traductor italiano. Esta me costó un poco pero al final salió.

Otro de los logros: armar un personaje carismático que con facilidad se desdobla hacia otros personajes plenamente identificables. ¿Cómo fue el proceso de construir varios personajes tan nítidamente diferenciados?
Como te decía, las cosas se fueron dando de a poquito. Repitiendo de manera metódica los cambios, también lejos de los ensayos seguía pensando y probando la mejor manera, la más sintética para hacer los cambios y no llevarse nada de un personaje en el otro. Es una cosa que me encanta hacer. Mi ídolo es DarioFo. Hace esto de manera increíble. Yo intento solo seguir esa idea. De hecho escribí el texto para poder hacer esto. Por supuesto que para lograrlo se necesita mucho trabajo, concentración, presencia en lo que se hace. Es una artesanía. El trabajo del actor lo es. Artístico puede ser el resultado final y no es cierto que se pueda alcanzar siempre semejante resultado.

Estar sólo más de una hora en el escenario transitando meticulosamente varios personajes es un trabajo de mucho rigor, ¿verdad?
Eduardo de Filippo decía: “Teatro significa vivir en serio lo que los demás en la vida actúan mal”. Esto para mi es la síntesis del teatro y para hacer esto sí, necesitas de mucho rigor, es un trabajo en serio hacer teatro, un trabajo minucioso, profundo, es meterse en juego siempre en cada instante. Por ahí es raro decirlo pero no siempre la gente entiende o sabe cuánto cuesta actuar, actuar en serio lo que en la vida nos tomamos la libertad de actuar y mal.

¿Hubo tareas de investigación a partir de tus experiencias, o las de otros inmigrantes? ¿Cómo entendés la relación entre la investigación del actor sobre los hechos relacionados con la obra y la puesta de la misma?
Sí, la primera parte del trabajo fue de investigación. Muchas lecturas, visité el Hotel de Inmigrantes, se me abrieron mundos enteros. Hay historias para otros dos espectáculos más. Como la de un italiano que se salvó en el hundimiento del Sirio porque quedó a flote tres horas agarrado a su acordeón. Escuchar música, ver videos, fotos, películas, documentales. Todo lo que podía. Para mí es fundamental, no podría hablar de algo que no conozco o que no estudié. No creo en la inspiración y nada más. Hay que alimentarla con algo.

¿Se ha pensado en la posibilidad de llevar la obra a algunos de los barrios porteños poblados por hijos de inmigrantes?
¡Me encantaría! La verdad es que no conozco mucha gente. Estoy empezando a proponer la obra y ojalá que esto se pueda realizar. Estamos abiertos a todas las propuestas. Espero que el barco de LAMERICA pueda visitar muchos puertos. En Europa el tema emigración es más que actual con los africanos en plena etapa revolucionaria y que empujan las fronteras. Millones de personas, todos los días, empujan las fronteras del mundo. El ruido es increíble y es escandaloso que los gobiernos se hagan los sordos.

¿Cuáles son los planes para el futuro?
Seguir “cocinando” en el barco LAMERICA. Y que esto me lleve donde sea. Esto es todo muy nuevo y todavía tengo que hacerlo crecer mucho.

Nos gustaría conocer tu opinión sobre el arte teatral en el momento actual. Hay una cantidad impresionante de propuestas. ¿Crees que hay algún punto en común?. El apuro en estrenar espectáculos: ¿es beneficioso o es producto del momento en que vivimos? ¿Qué es el teatro para vos y sobre qué aspectos teatrales te gustaría apuntar en el futuro?
Me da un poco de vergüenza pero no veo mucho teatro, me gusta mucho estar en casa, cocinar y la cantidad de propuestas es asombrosa. Aunque quisiera no lograría verlas todas, así que elijo lo que veo con mucha parsimonia. Creo que en común todo este movimiento tiene las ganas de meterse en discusión, de expresarse, que es el mejor estimulo que pueda tener el hombre para no morirse. Espero que sea así porque, si así no fuera, sería una clamorosa pérdida de tiempo. Con este trabajo uno no se hace rico y es de locos pensar lo contrario. Yo lo hago porque a veces siento la exigencia de decir algo y  con la esperanza que este algo pueda ser útil para mí y para la gente que se cruza con mis espectáculos. Me gusta que el teatro te sacuda, te emocione, te sorprenda. Que te haga reír y llorar. Y para lograr esto no es necesario tener efectos especiales. El teatro es mágico, de la nada surgen personas, objetos, historias. Sentimientos básicos y poco intelectualismo. Esto lo dejamos para los intelectuales verdaderos. Nosotros somos solamente actores. Alfred Hopkins-Jaque Press

Giampaolo Samà 


Giampaolo Samà nos está esperando cuando llegamos al bar. Tiene la prisa que dan los buenos deseos, las ganas de trabajar, de hacer realidad los sueños locos. Su mirada es diferente, está signada por la ausencia de los olores de su tierra natal. Hablamos con él sobre el unipersonal que está presentando en Buenos Aires, Lamérica, pero también sobre el teatro, sobre el arte y sobre los procesos sociales que se vienen. Un personaje encantador que busca su lugar en la escena teatral argentina.


1- Los procesos migratorios no tienen fin, son casi circulares. La historia se repite, se da vuelta, vuelve… ¿Qué lleva a un actor italiano a emprender la travesía de vivir en Argentina?
Después de los estudios en la Academia de Teatro de Calabria me fui a Roma para trabajar. Pasados 10 años conocí una actriz argentina, me enamoré y decidí mudarme, tomar otro desafío en mi vida y venirme para acá. Además había estado otras veces como turista y me había encantado el teatro y dije: ¿Por qué no arrancar de nuevo en otro lugar?


2- ¿Cómo es vivir como actor en Buenos Aires?
Acá hay una energía particular. No es que en Roma no lo haya pero el mayor desarrollo que puede tener Europa, aburre y duerme un poco a la gente. Acá la gente tiene que estar siempre despierta, necesita generar cosas todos los días. En ese sentido, es parecido a Nápoles que es la ciudad “más artística” de Italia donde siempre surge algo nuevo e interesante. Parece que, por el hecho de sufrir tanto, se tuviera la necesidad de salir delante y de la mejor forma. Es una idea nueva a cada instante. Y a mi me atrapó también esto porque, después de unos años intentando encontrar mi lugar acá, volver al escenario fue una exigencia. Y me escribí algo que, a una semana del estreno, me di cuenta de cuán personal era, de cómo me involucraba como persona y como inmigrante.


3- ¿Cómo nace Lamérica? ¿Cómo se generó el proyecto? ¿Cuál o cuáles fueron los disparadores?
Lamérica es una idea que tenía hace años en la cabeza. La historia siempre me atrapó y tenía ganas de escribir un espectáculo teatral que arrancara desde las cartas de los inmigrantes, que es el testimonio vivo, la historia verdadera. Cuando llegué a Argentina y decidí mandarme al escenario volvió la idea de la inmigración. Además fui un día al hotel de inmigrantes con un conocido y charlando con el director se revivió la idea. Empecé a escribir y después de un año de escritura, de recoger historias, cuentos, libros, videos, películas, fotos, todo lo que podía, me di cuenta de que el tema inmigración estaba (y está) más vigente que nunca. El llamado Tercer Mundo está empujando las puertas de Occidente de un modo increíble. Hay procesos revolucionarios muy fuertes por todos lados,… la gente se mueve y no podés pararla. Después de este año y medio de escritura, me di cuenta que debía escribir todo de nuevo porque era un cuento de treinta y tres páginas que tenía muy poca acción dramática. Volví a escribir pero ahora ensayando un poco con el material que tenía y de a poco todo encajó. Otro detalle era quién cuenta este cuento y ahí surgió la idea del cocinero de barco, alguien que puede haber conocido a esta gente, un cocinero que decide no bajar nunca del barco.
4- ¿Reconocés alguna influencia literaria, cinematográfica o de algún otro tipo en la construcción de este personaje?
Sí. La idea del cocinero viene de Novecento de Alessandro Baricco. Es muy fascinante la idea de alguien que nunca baja de ese lugar-no lugar y se cruza con un mundo y lo reconoce a través de esta gente. Por supuesto que esto también es una metáfora del trabajo del actor; cuando digo “aprendí a mirar el mundo desde este barco” es también aprendí a mirarlo desde el teatro, que fue lo que más me ayudó a conocerme a mí mismo para poder mirar a los otros y relacionarme con los otros. Entonces surgió la idea del cocinero que mientras prepara algo bien italiano como el ragú, va contando estas historias. Además el hecho de cocinar y los elementos de una comida es algo muy representativo de la sociedad, y todo cae en la olla. Otra metáfora, muy visual, es la de los pedacitos que se caen a la olla, eso no podía ser de otra forma. La idea surgió mientras ensayábamos, representa a la gente que se hundió y también la mezcla. Algo muy significativo en este país, una tierra de inmigrantes: el argentino es la mezcla, no es una identidad única. Es muy fuerte y se ve en cada rincón de esta ciudad, se ve en las caras.


5- El tema de la inmigración ha sido muy transitado por el teatro, por lo menos en Argentina. Desde la década del 20´ en adelante, el sainete y el grotesco la tuvieron como temática casi exclusiva. La particularidad de esta propuesta es el modo en el que se trata el tema y la puesta en escena. Lamérica es una obra polifónica que deja caer su peso en un solo cuerpo (que recrea cientos de voces) ¿Por qué elegiste contar estas historias en un unipersonal?
La idea del unipersonal surge de una necesidad: Como nadie me llamaba, en cuatro años de permanencia en el país, decidí escribir un espectáculo y hacerlo. Fue una exigencia de vida. El unipersonal era la mejor forma de ensayar y encontrarme con gente sin problemas. Sólo tenía que citarme a mí mismo. Me ayudó muchísimo desde el inicio Elisenda Ibars, la asistente de Lorena Barutta y Lorena, por supuesto, que es quien dirige la obra. La idea me viene de Darío Fo que podía hacer todo con nada; como los juglares, hay un cuento y la fascinación de un hombre de carne y hueso que llena un escenario. Nada más. No hace falta mucho en teatro, es mágico; yo no tengo nada pero puedo mostrarte, por lo menos, todos los personajes que requiere la obra. Es sencillo. Y es a la vez muy complejo. Fue un desafío doble: armar un unipersonal y además llenarlo de personajes para que fuera entretenido y se pudieran contar muchas historias (no todas. Hay muchas que quedaron afuera). Buscaba hacer ese tipo de teatro que te haga reír, llorar y te mueva desde las entrañas. La idea era tratar de equilibrar esas dos emociones. No sé si lo logré pero lo vamos midiendo con las funciones: se quitaron cosas, se agregaron otras. Ahí aparece la vivencia del actor, más allá del trabajo de escritura. El actor aporta cosas que un autor sentado a una mesa no puede pensar. En escena se vive y sólo viviendo podés ver qué te sirve para que este cuento pueda llegar a la gente.


6- ¿Trae algún beneficio para un actor interpretar una historia de su autoría?
Me escribí algo que sabía que podía hacer. Sé lo que me gusta y qué puedo hacer. Fue sencillo, tenía que lidiar conmigo mismo nomás. Pero fue difícil porque nunca había escrito nada, era la primera vez pero, como ya dije, tenía que resolver mi situación laboral. Hasta que no llegás al escenario no sabés si todo lo que escribiste es una mentira y no llega. Cuando empecé a darme cuenta de que la obra llegaba, la satisfacción fue plena porque reconocí que lo que estoy haciendo sirve para algo. A pesar de todas las dificultades que pueda tener cualquier inmigrante, o cualquier ciudadano argentino también, veo que de a poquito y con paciencia logro hacer lo que me gusta. Lo que hago es un placer. En la última función la gente no me dejó ir a cambiarme, apenas terminó todos bajaron a abrazarme. Eso es increíble. Jamás me pasó en Europa. Acá la gente es más sensible y sé que esta historia los toca mucho más, son historias de abuelos, tíos, padres. Y es mi historia. Yo soy inmigrante, me siento inmigrante. Estoy en una ciudad que me recibió muy bien pero no es mía; faltan olores, sabores, contactos, puntos de referencia.

7- La obra está atravesada por la inmigración como tema principal pero ¿Cuáles son para vos las líneas temáticas que subyacen a esa problemática general?
Las estafas. Los engaños hacia los últimos son constantes. El centro de la obra, creo, es el vendedor de humo, el vendedor de lamerica. Fueron muchos los que hicieron esto. Lo hizo también el Estado cuando lleno el sur de Italia de carteles diciendo que en América había trabajo para todos. Después de la guerra, Italia vendió miles de ciudadanos Italianos a Bélgica para obtener carbón barato. Y un estado no puede permitirse un sacrificio semejante. Hay para todos. La cosa va a cambiar cuando entendamos que esta tierra es de todos. A la mierda con las fronteras. Las fronteras es un concepto que no puede existir más. La gente se lo va a decir a los poderosos porque cuando llega el hambre no se piensa más, se actúa. Creo que estamos en una época revolucionaria. Y los artistas tienen que ser críticos siempre con el poder, tienen que estar despiertos, buscar trabas para no colaborar con el pensamiento único.
Otro tema importante en la obra es la necesidad del hombre de poder vivir su vida, tener un trabajo. Tener acceso a lo básico, todo lo demás sobra. Esto lo aprendí siendo inmigrante, llegando a un país donde no sobran las cosas y donde se ve la pobreza, la verdadera. Hay que hacer algo. El teatro no puede ser ajeno a esto. Se tiene que involucrar. Todas las artes se tienen que involucrar. No existe para mí un arte que no mire la realidad.


8- En la obra hay combinación de tierra y mar. Como en el vaivén de las olas, Lamérica parece oscilar entre aspectos diferentes que se mezclan o se e entrecruzan. Me parece clara la oscilación entre comedia y tragedia. Los momentos cómicos permiten que el espectador se relaje de la tensión dramática de algunas historias ¿Es así?
Así es el teatro, comedia y tragedia juntas. Lo del mar creo que tiene que ver con dos motivos básicos. El mar aparece como un no lugar y los inmigrantes viven en un no lugar, lejos de su tierra. El elemento mar es quizá la metáfora más acertada de la condición del inmigrante. Además extraño demasiado mi mar, una de las cosas que más me faltan es el olor del mar, acá es distinto. Es una cosa muy rara. Los inmigrantes sentimos que nos faltan ciertos olores.
Una de las situaciones cómicas que aparece en la obra tiene que ver con los trámites que realiza un actor para obtener su radicación. Eso es autobiográfico, me pasó a mí. Tengo el DNI arreglado a birome porque me querían escribir el apellido sin el acento. A raíz de lo que me pasó, me enteré de muchas historias de gente a la que le habían cambiado el nombre. Eso les pasó a muchos ¿Cómo se puede cambiar la identidad de una persona así?


9- Podemos hablar también de la oscilación entre lo particular y lo universal. La obra nos cuenta historias de otros tiempos pero que remiten indefectiblemente a las migraciones actuales, aun sin mencionarla. Eso la hace una propuesta de gran actualidad. ¿Eso fue pensado así?
Honestamente, no. Muchas veces los críticos encuentran cosas que son latentes pero no son pensadas o son pensadas a nivel inconsciente. Entonces, el trabajo que hacen ustedes nos ayuda porque nos revelan cosas que estaba y no nos habíamos dado cuenta. Estaba sí la idea de poder contar la historia de los mínimos, los últimos, los que hacen la historia propiamente y contar la historia de todos. Y eso de alguna forma surgió pero no fue pensado.


10- El texto tiene una gran belleza poética pero también crítica social, sobre todo en lo que se refiere a nuestra concepción de otro, del diferente. ¿Cómo lo ves vos?
Es así, es el miedo, nos crían en el miedo hacia el otro. Y esa es la única forma que el poder y los poderosos tienen para dominarnos: que todos los demás tengan miedo.
El miedo se instala en la gente. Se ve en la calle, nos pasa a todos. El miedo al otro da esa posibilidad de mantener bajo control naciones enteras. Si en Europa están bien es porque acá estamos mal. Esta es una tierra que recibió a millones de personas y ahora los argentinos son rechazados en Europa. Así se mantienen los poderosos en su lugar: con el miedo hacia el otro, el diferente. Y, como dije antes, el teatro no puede estar ajeno de la actualidad. Hace falta informarse, mirar, observar. A mí como actor me enseñaron a mirar; es una constante, como actor necesito observar a la gente para arrancar la construcción de un personaje. Cuando llegué a Argentina no hablaba casi, y aprendí muchas más cosas callado, en medio de la gente, mirando. Sabía con la mirada todo lo que estaba pasando. Así que hay que mirar. El teatro tiene que recuperar su rol social, sí o sí, porque sino es teatro comercial, un doble de la tele un poco estúpido, un poco vacío. A mí eso no me interesa ni me aporta nada.


11- Hablabas de la mirada…La fotografía aparece como otra de las actividades que desarrollás ¿Cuánto de eso influye en tu modo de contar una historia, de ver el mundo? (yo pensaba que podíamos ver cada historia como una instantánea)…
Puede ser. Me encanta la fotografía de teatro. Con el objetivo podés agarrar miradas que el público no tiene, que ni el director pensó. Me encanta, por ejemplo, sacar fotos desde puntos de vistas distintos para buscar cosas nuevas; acercarme muchísimo con el zoom para entrar en los detalles y mostrar cosas que desde la butaca no se ven. La mirada es fundamental y la descubrí acá cuando casi no podía hablar.


12- Quedan pocas funciones en Timbre 4 ¿Cómo sigue el viaje?
Estamos buscando sala, buscando otro puerto. La obra se estreno por seis funciones, el año pasado, en Huella Teatro; necesitábamos tirarla al escenario para ver qué pasaba. En la última función vinieron los chicos de Timbre 4 que son amigos, mi mujer (Miriam Odorico) trabaja con ellos en La omisión de la familia Coleman y en el espectáculo nuevo. Les gustó, me recibieron en este hermoso teatro y pude hacer estos cuatro meses de funciones. Estoy muy agradecido. El teatro tenía ya una programación hecha y entonces debemos buscar un nuevo espacio. Va a llegar.


13- Cada espectador le dará a la obra (a esta y a cualquiera) el valor y el significado que su alma le dicte. ¿Qué significa Lamerica para vos?
La oportunidad de encontrar el lugar que estoy buscando hace rato, haciendo mi trabajo de actor, más que de fotógrafo que me gusta pero es un trabajo secundario. La oportunidad de buscar mi América, de poder seguir haciendo el laburo que me gusta.


14- ¿Qué te gustaría que se llevase cada espectador de su viaje por el barco de Lamérica?
Una emoción, si logro emocionarlos yo estoy contento. Y la emoción me vuelve, por eso la actuación es increíble, porque toda la energía que le podés tirar encima a la gente te vuelve. Eso es casi orgásmico, es increíble; me llena, me cansa y me da felicidad.  Una emoción, un pequeño recuerdo y, si la obra tiene un mensaje particular, que lo pueda hacer pensar, reflexionar, parar un minuto este ritmo loco que tenemos y pensar, pensar… Verónica Escalante-Leedor



Entrevista con Giampaolo Samá: dramaturgo y actor

Nació en Calabria, Italia, en donde hizo la Escuela de Teatro. Luego vivió en Roma durante diez años; allí conoció a la actriz argentina Miriam Odorico (quien interpreta a la madre en La Omisión de la Familia Coleman, que dirige Claudio Tolcachir), de quien se enamoró y con quien llegó a Argentina hace cuatro años y medio. Todos los domingos a las 20.00 presenta su obra Lamerica, en Fitz Roy 1477. Con una alta dosis de ingenio, energía, humor y crítica social, habla de la inmigración. Un unipersonal que logra hacer reír y llorar a la vez.

Lamerica tiene bastante que ver con su propia historia. Él mismo llegó desde su país en 2007 y sufrió el desarraigo. Luego de aprender bien el idioma (aunque su tonada italiana es inconfundible) y adaptarse, empezó a dar clases de teatro en algunas escuelas. Pero como buen actor, extrañaba el vértigo de estar arriba de un escenario. Para ello, necesitaba una buena historia que contar. "Escribí sobre una idea que tenía desde hacía años, sobre los emigrantes",explica. 

Entenderle, por momentos, se complica: la tonada italiana se cuela en las palabras que dice en un español bastante bien aprendido; la energía que lo desborda, la voz que levanta y la risa espontánea hacen pensar que se está frente a un actor con mucha personalidad.

Para él, el haber vivido en carne propia el hecho de irse a otro país para comenzar de nuevo fue una experiencia fuerte. 

¿Cómo nace Lamerica?
Mi idea era reproducir cartas de emigrantes, arrancar de ahí, de esas historias. Tengo un libro lleno de cartas; es una colección de cartas de una ternura increíble. Lo conocí en la facultad, en Roma; el libro se llama Mérica- Mérica. Arrancó de ahí; después de un libro que se llama Odisee,-la Odisea, sería, pero muchas odiseas- aclara. Es de Jean Antonio Stella. Hay muchas historias más; leí todo lo que pude, miré videos, películas. Ahí surgieron imágenes, cosas y empecé a escribir. Después de un año y medio de escritura me encontré con treinta y dos páginas que no tenían nada de teatral. Era un horror; era un cuento – dice entre risas-; necesitaba buscar acción dramática, entonces lo desarmé y empecé a encontrar esa acción dramática.
Faltaba otra cosa más: quién cuenta esto; encontré al cocinero, que elige no bajarse nunca del barco. El barco es un no lugar, y la persona del emigrante vive en un no lugar: no está en su país; se mudó pero no se mudó, está con pie acá y con el otro allá… el mar podría ser la tierra del emigrante, o la línea del medio; un emigrante que está acá no es Argentino, pero tampoco es Italiano, no está más en su tierra; es un quilombo bárbaro, y esto lo entendés solo cuando te toca en la piel. 

¿Por qué un unipersonal?
Quería hacer una cosa sencilla, más sintética. Era el volver al escenario un actor, el cuerpo de un actor.
El hecho de estar solo me permitió traer de vuelta el trabajo de los juglares, que hacían eso: llevaban noticias de una corte a otra haciendo todos los personajes, y eso se puede hacer. Mi escenografía es una valija; va todo en la valija; también es para hacerlo ágil.

De todo lo que contás en la obra ¿Qué te tocó a vos en la piel?
La búsqueda del DNI es mía; pasa hoy. Ustedes no hacen tantas filas para hacer el DNI; nosotros sí. Vamos a migraciones chinos, estadounidenses, italianos. Te hacen hacer una cola para que te den un numerito; después tenés que hacer otra cola para que te revisen los documentos, a ver si te falta algo y ojalá te digan que no, porque si no, tenés que volver a la semana. Entonces hacés una tercera cola en donde ahí sí, te dan los documentos.
Lo que yo cuento es lo que le hacen todos los días a los últimos, como lo que hace un vendedor de feria, el vendedor de "la América"; nos pasa todos los días; pasa en la tele.
Giampaolo explica que a través de la televisión el engaño a los que buscan un futuro mejor es enorme. "La tele a los emigrantes que llegaron a Italia, a los albaneses, a los rusos, a los africanos, les venden una Italia que no existe; les venden una publicidad. Les mostramos una Italia, una realidad que no existe. Es lo que pasa acá también en la tele; entonces muchos fueron engañados. Los fraudes fueron muchos".

La obra tiene mucho de crítica, pero con mucho humor también.
Sí, claro porque si no, nos cortamos las venas… la idea era esa, llevar la emoción a un punto y soltarla, y esto se repite. Es una técnica para mantener al público. Es un modo también de alivianar todo esto, de decir “ah, pero estamos vivos, somos afortunados”. Yo soy afortunado porque tengo los medios culturales para llevar adelante mi vida; toda esta gente no los tenía, igual lo lograron, con mucho esfuerzo. Hay gente que si quedaba en Italia, por ahí no podía hacer nada. Gente como Sábato (Ernesto), el papá vino de mi pueblo; quién sabe si se quedaba ahí qué hubiera sido de Sábato; acá tuvieron oportunidades.
El teatro tiene que aportar siempre algo a la sociedad; tenemos la tele para todo lo demás, para lo superficial. Tenemos que tener la mirada social, una mirada crítica que pueda despertar algo, que mueva a la persona.

¿Qué proyecto hay para Lamerica?
Me encantaría llevarla a Europa, donde el tema migraciones es un tema. Acá casi ni se ve, pero en Europa es de todos los días. La isla de Lampedusa, que es nuestro extremo más cerca de África, de cuatro mil habitantes, en los últimos tres meses llegaron más de treinta mil (inmigrantes). Los metieron en barcos y los llevaron por todos lados, no sabemos adónde, es de todos los días. Y acá también, Argentina es un pueblo que se hizo con la inmigración; quién no tiene un pariente que vino en barco .

Decís que te gustaría llevar la obra a Europa ¿por dónde empezarías?
España e Italia. Italia porque es mi país, y España porque está al lado de África. Estoy ahora buscando la manera; mi productora es una chica de Barcelona que estuvo acá unos meses, vio la obra y se enamoró de Lamérica. Está haciendo los contactos; la idea es irme en diciembre.

¿Cómo reacciona el público?
La gente se emociona; a veces toda la primera fila llora; se ríen también. A mí eso me da placer porque lo hago para compartir con el público ese momento único e irrepetible.
Giampaolo busca que la gente se emocione. "Que se sacuda; yo quiero un teatro que emocione hasta las entrañas, que te haga reír y llorar; si no, no tiene sentido. El teatro tiene la suerte de tener un actor de carne, hueso, sangre, transpiración, ahí", dice.
A pesar de que tiene ganas de escribir una nueva obra, Samá quiere que "por ahora este barco siga andando". Mientras rema, este año tuvo las primeras oportunidades. Participó en mayo de "Las variacionessobre el modelo de Kraepelin”, obra de Davide Carnevali, dirigida por Elisabetta Riva y con actuaciones de Luis Parangón y Alberto Moscuzza, en la sala Pata de Ganso. Se presentará nuevamente con esa obra el 6 de agosto en el teatro Cervantes, durante la Feria del Libro Teatral. María Eugenia D´Alessio- A sala llena


Giampaolo Samá y Lamerica

El actor, dramaturgo y director nos habla de su propia experiencia migrante que llevada al texto de su unipersonal repone las voces de aquellos que vinieron a LAMERICA con la maleta llena de sueños y no siempre los concretaron.

Giampaolo Samá es un hombre de teatro, puede desarrollas todas las aristas de este quehacer sagrado como dramaturgo, director, fotógrafo, diseñador de iluminación y vestuario. Su obra LAMERICA es una puesta con un ritmo vertiginoso, sin pausas que a modo de unipersonal revisa las diversas causas y consecuencias de ser migrante. Por ello, Puesta en Escena conversó con él para que nuestros lectores conozcan un poco más de este artista que da qué hablar.

Puesta En escena -¿Por qué teatro como modo de expresión? ¿Cómo realiza esa elección para expresarse?
Giampaolo Samà- Me acerqué al teatro por juego y quedé atrapado en ese juego. Siempre me fascinaron las infinitas posibilidades que ofrece el juego teatral para comunicar todo lo que se te ocurre. El contacto directo con la gente, sus miradas. La energía que se intercambia entre escenario y platea. Este presente, dilatado en el tiempo, fijado por la representación. La búsqueda constante de este presente es la parte más interesante y más difícil del trabajo de un actor, es lo que hace de cada función un hecho único, irrepetible, verdadero. Es un acto de amor, es entrega, es desafío y miedo. Nunca termina de sorprenderte, este trabajo. Cada vez que se prende la luz en el escenario no sabes lo que va a pasar. Esta es la mirada del actor.
Por otro lado, LAMERICA me abrió otra puerta donde descubrí otro mundo fantástico. Fue casi como la caída en el pozo de Alicia. La posibilidad de ser no solamente un trámite, un mensajero entre el dramaturgo y el público sino, de ser totalmente responsable de lo que digo en escena. Y esto recién empieza.

 PE- La obra repone una experiencia migrante ¿cómo ha sido su propia experiencia migrante?
 G.S.- Yo llegué con mi maleta después de 13 hs. de avión y no en un barco después de 30 días de océano. Pero esta es la única, aunque no mínima, diferencia. Todo el resto del cuento es bastante parecido al cuento de cualquier hombre que deja su tierra y llega a un lugar ajeno. En medio de gente desconocida, que habla un idioma que nunca se te devela hasta el fondo. Un idioma muy parecido al mío y por este mismo motivo extremadamente tramposo: pensás  entender,  poder hacerte entender y no siempre pasa esto. Faltan olores, sabores, la mirada de la gente hacia vos es distinta no más abrís boca y tu acento te traiciona. Los códigos son distintos, las costumbres… vos sos “el otro”, el que “no es de acá”. Lamentablemente las frases racistas las escuché yo también, no son una exclusiva de los “negros”, de los chinos o de los “bolitas”. Como dice el cocinero de LAMERICA, “la gente tiene miedo”, lo podes oler este miedo. En fin, mi experiencia migrante ha sido y sigue siendo dura: los amigos, los amigos verdaderos, son pocos – esto, si lo pienso mejor, es una suerte – las posibilidades que se te ofrecen son mínimas y tenés que aprovecharlas al máximo y hay que ser muy exigente con uno mismo para superar la desconfianza. Y… mejor cerrar este tema, también porque la gente no quiere escuchar cosas negativas. No tiene tiempo. Mejor taparse el oído y la mirada con hermosas mentiras.
Igualmente yo llegué con una idea muy clara: venir a vivir con mi mujer (Miriam Odorico) una actriz argentina de la que me enamoré y con la que viviría en cualquier lugar. Cuando estoy con ella no me falta nada. Es como estar en mi casa de la infancia. Frente a mi mar. Hasta puedo escuchar las olas del Mediterráneo.

P.E.– La Argentina está básicamente constituida en torno a un flujo inmigratorio que no era el que esperaba la Generación del 80’ y que padeció mucha xenofobia, destratos varios y humillaciones. La obra repone de algún modo ese desdén que se tenía desde la llegada a la aduana en donde un funcionario era capaz de cambiar el nombre o apellido del recién arribado y  eso es muy fuerte. El nombre es lo que uno trae como primer equipaje, y usted repone varias voces creando así una polifonía que muestra al menos un crisol posible. ¿Hay allí una intencionalidad o se dejó llevar por la escritura y fueron apareciendo las voces?
 G.S.- Este espectáculo me da vueltas por la cabeza desde hace años. Desde que en la facultad leí un libro de Emilio Franzina que reúne cartas de emigrantes italianos entre 1876 y 1902 (“Merica!Merica!Emigrazione e colonizzazionenelleletteredeicontadiniveneti e friulani in America latina (1876-1902)”. La primera grande emigración. Y estas voces quedaron en mí, rondando, hasta que llegando a la Argentina me tocó vivir unas experiencias parecidas: la primera, y la más traumática fue propiamente esto de hacer el DNI. Llegas a las oficinas de Migraciones para ratificar tu identidad en tu nueva nación y lo que hacen es estropearla, confundirla. Te cansan con la falta de lógica de la burocracia. El primer personaje de LAMERICA cuenta justamente lo que me pasó a mí y a miles como yo. Nunca me olvidaré una historia que me contó mi suegro, la del turco Juárez, apellido que de turco tiene muy poco. Él se llamaba así porque cuando llegó a la aduana su nombre sonó incomprensible a los empleados. Así que pensaron bien en bautizarlo otra vez y le dieron el apellido del señor que había llegado justo antes que él. Un gallego con apellido mucho más sencillo, Juárez. Pasan los años pero las costumbres no cambian. Y es muy fácil imaginar que es así en todo el mundo. Yo tomo este país simplemente como pretexto, no quiere ser una crítica a los argentinos, ni tampocoa la Argentina que, como justamente decís, debe toda su historia moderna a los emigrantes. Esto no habría que olvidarlo nunca. Las otras historias surgieron de otras lecturas y búsquedas. Todo lo que cuento es verdadero, o casi.

 P.E.- ¿Qué reflexión le merece el profuso movimiento teatral de Bs. As. ? ¿Y cómo te ha resultado hacer teatro aquí en términos de conseguir sala, tramitar subsidios, etc. Porque si bien es unipersonal es un trabajo muy cuidado y usted realizó una temporada en Timbre 4 y ahora se encuentra en el Polonia y asumo que es por un tema de fechas y disponibilidad de salas que asumo, están vinculadas a los compromisos que se toman de antemano con esa enorme cantidad de obras que hay en este momento en cartel.
 G.S.- Buenos Aires es famosa en el mundo por ser un lugar donde la cultura siempre tuvo un rol muy importante. Mis primeras lecturas fueron las obras de Borges. El tema que elegí para mi tesis de licenciatura fue “Teatro Abierto ‘81”, algo que sólo en esta ciudad loca se podía producir.
Yo tuve la suerte de poder mirar desde muy cerca el trabajo de Claudio Tolcachir. Yo llegué en el 2007 de la mano de mi esposa que arrancaba su segunda temporada con “La omisión de la familia Coleman”. Hace un año arrancó con “El viento en un violín”. Dos de las tres obras de Tolcachir como autor y director. Y esto es impagable para quien hace teatro. Es un regalo hermoso poder ver estos actores en escena. Verlos y volver a verlos y descubrir que lo que hacen es puro amor hacia este trabajo. Además tuve la oportunidad de sacar las fotos de estos espectáculos y de “Tercer cuerpo”, otra obra de Claudio. Yo soy también fotógrafo y esto me dio la posibilidad de ver muchas obras desde muy cerca y de verlas varias veces y descubrir miradas que quedan escondidas al público. Entrar en la intimidad del trabajo del director y, sobre todo, del trabajo de los actores. Seguirlos con el objetivo de la cámara y fijar unos instantes para siempre! Es increíble. Y la cosa más increíble es que la mayoría de estas obras se hacen sin ninguna expectativa y con poca o ninguna plata. Justamente como LAMERICA. No pedí ningún subsidio. Invertí mi última plata. Otra vez la burocracia, los tramites! No, por favor! Demasiado para mí. Tendría que ser más sencillo. Para mi hacer un trámite es como vivir una pesadilla.
Con el tema sala tuve suerte: la gente de TIMBRE 4 vio una función, les gustó y me ofrecieron lugar en esta temporada. Fueron 4 meses hermosos y al fin tuve que cambiar de sala porque justamente la programación estaba ya organizada con otras obras. En Espacio Polonia me dieron la oportunidad de seguir. También ellos vieron una función en Timbre 4 y les fue sencillo decirme que sí cuando les pedí lugar. En agosto se termina también esta etapa y después veremos por donde me llevará este barco.

 P.E.–  ¿ Qué verá la gente que asista a ver Lamerica?
Espero que puedan verse reflejados en estas historias. Espero que puedan reírse de estas historias, porque también hay que saber reírse de todo esto. Espero que puedan llorar, porque hacen llorar estas historias. En fin espero que puedan compartir conmigo este presente dilatado que nos pertenece porque como decía Borges "somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos." Yo busqué en ese montón y sólo logré pegar unos pedacitos entre sí. Ojalá que quien venga a verme logre juntar y pegar otros pedacitos. 

*Acerca de Giampaolo Samà
 Giampaolo Samá empieza su carrera de actor a los 17 años. Entre el 1993 y el 1995, como alumno de la “Academia de Arte Dramático de la Calabria”, participa en varios stages formativos en Varsovia, Casablanca, Sibiu (Rumania). En 1995 se recibe en la “Academia de Arte Dramático de la Calabria” (dirigida por Luciano Lucignani). En 1996 participa del espectáculo “Sidá y el hombre de la flor” que le vale el premio “Vetrine” del Ente Teatral Italiano. En 2006 se recibe en D.A.M.S (Disciplinas del Arte Música y Espectáculo) en la Facultad de Letras y Filosofía de la Universidad “Roma TRE”. En Roma trabaja desde el 1997 hasta el 2006 participando en muchos espectáculos y colaborando con la “ C.D.” (Compagnia Doppiatori) dirigida por Pino Colizzi. Junto con la actividad de actor desarrolla la actividad de director y de docente de teatro para las escuelas públicas. En 2007 “emigra” a Buenos Aires. Desde el 2011 dicta un seminario anual de teatro en italiano sobre la “Commedia en el teatro italiano” en el Instituto Superior del Profesorado “DR. JOAQUÍN V. GONZÁLEZ”; siempre como docente, trabaja en la escuela del teatro TIMBRE 4 dirigida por Claudio Tolcachir. Estudió también fotografía y desarrolla ésta actividad desde el 1990 como fotógrafo de teatro.  Teresa Gatto-Puesta en escena



Reportaje Giampaolo Samá


En una charla amena relata su experiencia en Italia, su llegada al país como ciudadano del mundo, su formación y desarrollo actoral, pero también su compromiso con la realidad que nos rodea a partir de su labor como actor; expresa con convicción su pensamiento en cuanto al espinoso tema de la inmigración en su país, y el contexto ríspido de los derechos humanos para todos en la Italia de Berlusconi. Algunos de estos conceptos están presentes en los relatos que forman parte del espectáculo que desarrolla en el escenario.

¿Quisiéramos saber cómo fueron tus comienzos en Italia, cuál es tu formación actoral, y como decidiste un camino entre nosotros?
Arranque a estudiar teatro a los diecisiete años, después de haber visto una obra de Lorca, en un teatro enorme de setecientas butacas, donde habríamos diez personas, allá en mi pueblo, y me quedé impresionado por aquello que veía, y decidí empezar a estudiar, luego llegué a la Academia de arte dramático en Calabria, y me recibí, de allí a Roma porque a pesar de que hay teatros en mi provincia, el movimiento importante sigue estando allí. Trabajé sin parar por diez años, pero como no todos los trabajos me interesaban, decidí entonces trabajar en mis propios proyectos, estuve cinco años haciendo teatro con mi compañera de entonces, y luego me anoté de nuevo en la Facultad, en la carrera de Filosofía y Letras con una especialización en arte, música,  hice un curso apretado en tres años. Después de eso me decidí a venir a  la Argentina de vacaciones varias veces, acá tenía amigos, y conocí a mi mujer, Miriam Odorico, que siempre dice algo muy lindo: la vida es de los valientes. 


¿En que año llegaste a la Argentina, no como turista, sino con intenciones de quedarte?
 Llegué el 14 de febrero de 2007, el día de los enamorados de la mano de mi mujer que vino a buscarme a Italia y volvimos juntos. Elegimos ese día, nos habíamos tomado cinco meses de lejanía para saber que nos pasaba, después que nos cruzamos en Argentina en el 2006. Fue duro, mi hermano, me decía, callate, no tenés novia, es una novia virtual, una pantalla. Tenía razón. El día que la fui a buscar al aeropuerto temblaba como una hoja. Pero todo salió bien, ella es la que me sostiene, porque si llegás sin puntos de referencia, sin amigos todo es muy duro. A través de ella llegué a Timbre 4, ya que es una de las actrices de La omisión de la familia Coleman, compartíamos allí tiempo después de la función y así pude comprar el laburo enorme que hacen y cuando hice el espectáculo mío lo fueron a ver, les gustó, me ofrecieron el espacio y no dude en aceptar. Si no hubiera tenido esta oportunidad, todo hubiera sido más difícil.


¿Qué diferencias hay entre tu formación y la de los actores argentinos?
Por suerte tuve una formación muy variada, de lo más clásico a lo más moderno, la escuela estaba formada con fondos de la comunidad Europea y llamaban a maestros que estaban libres de toda Europa, tuve maestros de Polonia, Italia, y de Argentina también, fue un entrenamiento muy fuerte, ocho horas al día de lunes a sábado, muy duro nos llevaron a hacer stages fuera de Roma, en Varsovia, en Rumania, Casa Blanca y también en la Argentina; fui aprendiendo de mi propia experiencia, cada clase anterior era un aprendizaje para la próxima. Reconozco si dos referentes muy importantes para mí: Eduardo de Filippo, que tiene una frase que nunca olvido, y me parece que resume bien nuestro trabajo: “En teatro hacemos en serio lo que en la vida hacemos mal”, y que tiene que ver con el rigor, con la verdad del teatro, porque ahí arriba sudamos, sufrimos y es de verdad, y hacemos bien lo que en la vida habitualmente resolvemos mal. Otro referente para mí es Darío Fo, a pesar de que me considero un pobre imitador, sigo su pensamiento y su forma de trabajo, en cuanto a que el cuerpo de un solo actor puede devolver la magia del teatro, de que él solo puede contar una historia. Mi línea es esa, como también desde el punto de vista del para qué, aquello que pensaban De Filippo y  Fo, de un teatro que mira a la sociedad, por eso elegí el tema de la inmigración, pero luego me fui dando cuenta que llegó a ser algo muy íntimo; a una semana del estreno me di cuenta que hablaba de mí; porque pensaba escribir la historia de los inmigrantes, y estaba escribiendo de mí, del pasado, el presente, y el futuro. Ayer, por ejemplo, llegaron otros setecientos inmigrantes a Lampedusa; lo hacen todos los días en tres meses llegaron treinta mil. Es bueno que eso se vea porque pasa en todos lados y lo ves con sólo levantar la cabeza en esta ciudad y mirar, hay personas de todos los lugares del mundo, que acaba de llegar y busca su lugar, en un mundo donde no tiene más sentido el concepto de frontera, es algo que repito siempre hasta el cansancio: el mundo es de todos. Cada vez somos más personas, y el planeta es una olla que hierve y cada vez parece más pequeño, y el poder lo resuelve inventando alguna guerra, o experimentando con remedios nuevos, es un asco, y el teatro puede hacer mucho para modificar esto, despertando la conciencia del espectador, aunque sea de uno solo.


Ya que hablamos de despertar conciencias, ¿Cómo es la reacción del público en tu espectáculo?
La reacción es hermosa, el público se involucra de una forma muy cálida, porque cuando escribís es una forma fría, pero cuando estás en el escenario el actor produce la escritura en escena, que es algo a lo que Darío Fo y Eduardo de Filipo le daban mucha importancia. La respuesta del público es hermosa, porque hay gente que llora, hay quien se ríe, el otro día no me dejaron subir a cambiarme porque subieron al escenario y me abrazaban y una señora no paraba de llorar, y le tuve que decir: ya está señora, se acabó esto es un juego. Me gusta un teatro que sea vivo, que vibre y que llegue al espectador, y lo estamos logrando.

Buenos Aires te propone un público de mucha mixtura, donde el tema de la inmigración es muy fuerte, y se reconoce con facilidad en tu espectáculo.
Si, y es algo que me parece que en Italia estamos olvidando, en Europa en general, porque viajamos todos, mi propia experiencia familiar. En un sentido yo los entiendo, parece una provocación, pero en Europa estamos más apretados, si lo consideras hay menos espacio; pero no deben olvidar nunca que si en ese poco espacio tienen recursos y riqueza lo deben a que donde hay mucho más espacio y menos gente, están mal. Esto yo lo veía cuando venía acá de turista, pero cuando venís a vivir te impacta, porque lo vivís sobre la piel de inmigrante, y lo ves todos los días. En Italia la situación social es un desastre, en diecisiete años de Berlusconismo, el enano maléfico, logró arruinar bastante todo, se produjo la generación mil euros, muchos jóvenes y los abuelos que viven por debajo de los mil euros, a los quince días del mes ya no tienen dinero. Es un milagro que seguimos adelante, no sé cómo, porque el país hace dos años que no está gobernado, por el enano está pendiente de sus propios problemas.

¿Qué puede hacer el teatro con la realidad social, cuál sería su función, debe tenerla con respecto a lo social?
Por supuesto, totalmente, para algo que no tenga función está la tele. El teatro no va a modificar la vida, pero si aportar su semilla. Mi tesis de licenciatura fue sobre Teatro Abierto, para mí fue un descubrimiento increíble, la posibilidad de que esto se puede hacer, aún bajo una dictadura, salir a la calle, reunirse y decir: Ah!, no tenemos dramaturgia, acá estamos, matanos a todos, como hicimos en Italia con la mafia. Que nos maten a todos, esta es la única respuesta, y se la puede dar el pueblo, el único, llegar ahí abajo y decir o bajan ustedes o subimos nosotros, quiero ver cuando entramos de una, esto me encantaría vivirlo. Sin embargo, hay generaciones que borran la anterior, yo conozco muchos chicos que desconocen el hecho de Teatro Abierto, esto es grave, para mí es grave. Por suerte en Europa tenemos una larga memoria, porque estamos acostumbrados desde siglos, y acá la memoria se la corta, se la quema, se la borra. Es increíble, porque si te olvidas vuelve.
 Por otra parte, hay que tener mucho cuidado de no irse del otro lado, y que el arte se case con la política, el arte tiene que ser crítico, siempre, tener una mirada, una cercanía a determinadas ideas, pero tiene que poner en dificultad al poder. No hablar de un partido determinado, para no confundir la política, con el partidismo. El teatro además, es un trabajo de artesanía, el arte es el resultado final y casi nunca llegamos, el teatro es una herramienta de esta artesanía, si logramos un hecho artístico es el resultado final.  En el teatro, hay generaciones que borran la anterior, yo conozco muchos chicos que desconocen el hecho de Teatro Abierto, esto es grave, para mí es grave. Por suerte en Europa tenemos una larga memoria, porque estamos acostumbrados desde siglos, y acá la memoria se la corta, se la quema, se la borra. Es increíble, porque si te olvidas vuelve.

¿Cuáles son tus próximos Proyectos?
Seguir con el barco, con la ruta de este barco, ahora tenemos tres funciones más en Timbre 4, estaba todo programado, así que terminamos con esta experiencia muy linda, muy agradecido al espacio. Mi espectáculo, se nutre de lo que pasa cotidianamente, el hecho de que ayer llegaron 700 personas más a Lampedusa es algo que voy a agregar, para que el público de golpe se encuentre en el presente. Porque no tiene un tiempo el espectáculo, es un pretexto hablar del pasado. Luego que termine en junio, tenemos alguna oferta en otro teatro, espero algo más y después elegimos en cooperativa, lo más democráticamente posible.


¿Pensás seguir con la estructura del Unipersonal?
Por ahora sí, yo estoy trabajando en otro espectáculo el viernes 10, en Pata de ganso, de autor italiano, director italiano, y dos actores más argentinos, Variaciones sobre el modelo de Kraepelins de Davide Carnevali sobre el tema del alzehemeir, el tema de la memoria, que es un tema muy fuerte en Europa. El sábado pasado reemplace a Claudio Tolcachir en Apuntes para volverse a ver, él está de viaje y entonces yo lo voy a reemplazar todo junio. Me encanta tener un compañero en escena, pero también me encanta poder hacer este trabajo sólo, que es lo que más me gusta. Porque no siempre te gusta lo que te proponen, y cuando es así, prefiero quedarme en casa, cocinar, leer. Cocino bien. La obra surgió de la exigencia de volver al escenario, y todo trabajo que surge sin esperar llegar a algo, que no espera nada más que ser realizado cada domingo, cada vez que se pueda, y de dejar una semilla por lo menos en un espectador, es la verdadera función  del actor creo yo, y después nada, seguir y ojalá pueda vivir trabajando de lo mío. Marcello Mastroiani decía: Que locura, nos pagan para jugar. Jugamos, pero es duro, no contamos lo que sucede por atrás. La gente ve sólo el resultado final, y lo que llega es el éxito, todo el mar que esta abajo no se ve, es un trabajo muy expuesto, y una búsqueda constante sobre sí mismo, un autoanálisis constante. Yo tuve la suerte de conocer a Vittorio Gassman los últimos años y el decía esto, que me pareció de una humildad increíble, a los setenta años que tenía; que aprendía algo más de cada función nueva; escuchar eso de semejante monstruo de la actuación, para mí fue, bueno callate y seguí aprendiendo. Se puede aprender mucho hasta el final, es un trabajo que hasta los ochenta te lo pueden reconocer, y pueden hacer muchos personajes todos juntos en el mismo tiempo. Eso quería hacer en esta puesta, yo nunca había escrito nada, escribí un cuento enorme que no tenía ningún sentido teatral, después de un año de escritura tuve que reescribirlo, y me enseñó un montón de cosas. Mi balance después de cuatro años y medio es positivo, estoy dando clases, gané un concurso para dar clases de teatro en italiano en el profesorado Joaquín V. González, estoy dando clases de asistente de teatro en Timbre, la verdad que ellos me abrieron mucho sus puertas, muy generosos, es un espacio con mucha gente estudiando teatro con un clima hermoso, que no hay que perdérselo. María de los Ángeles Sanz- Luna teatral